Un cuerpo de trabajo

En 2011, el bailarín del American Ballet Theatre David Hallberg, de 29 años, llegó a los titulares internacionales y a la historia cuando anunció que se uniría al Ballet Bolshoi de Moscú, una de las compañías de ballet más prestigiosas del mundo, por invitación del director del Bolshoi. .

Hallberg, el primer estadounidense en unirse a la compañía rusa como bailarín principal, comenzó a dividir su tiempo entre el Bolshoi y el American Ballet Theatre (ABT) en la ciudad de Nueva York. Llevó una vida llena de estrés de entrenamiento y viajes (sus días libres los pasaba a menudo en aviones, viajando entre países), y la presión lo alcanzó en 2015, cuando problemas en los pies lo llevaron a salir del escenario. Después de dos cirugías problemáticas, Hallberg, devastado, pensó que nunca volvería a bailar.

En sus nuevas memorias, enérgicas y bellamente ejecutadas, A Body of Work , Hallberg documenta su ascenso a la cima del mundo del ballet y cómo se enfrenta a una lesión que amenaza su carrera. Nacido con el físico de ballet perfecto —alto y de extremidades largas con pies flexibles— comenzó a estudiar ballet en serio a los 13 años en Phoenix, Arizona. Fue objeto de burlas en la escuela, pero sus padres lo apoyaron, quienes alentaron su deseo de bailar.

A la edad de 20 años, Hallberg vivía en Nueva York y bailaba con ABT. Proporciona una fascinante mirada al interior de la vida en el estudio: el dolor físico, los compañeros difíciles de complacer, la lucha por trascender la técnica y lograr el arte. «Bailar pasos virtuosos», dice Hallberg, «puede sentirse como atravesar una habitación a oscuras tratando de evitar un tropiezo».

En el momento de su lesión en 2015, Hallberg tenía compromisos de actuación en todo el mundo. El camino hacia la recuperación tomó dos años y medio, incluidos 10 meses con el reputado equipo de rehabilitación del Ballet Australiano. En escenas que son emocionalmente crudas y conmovedoras, relata el doloroso proceso de regreso.

Actuando sin esfuerzo en la página como lo hace en el escenario, Hallberg, quien regresó a ABT en plena forma este año, escribe sobre los tecnicismos de su oficio con claridad y precisión. Los lectores de todos los gustos encontrarán mucho que disfrutar en su libro inspirador (los balletomanes lo consumirán en un par de sesiones). Si Hallberg decide asumirlo cuando se jubile, es posible que le aguarde un nuevo papel: escritor.

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