Un corazón puro

Un corazón puro se  enfrenta a la cuestión de cómo ser muchas cosas a la vez, una condición que aflige a todos, pero que solo requiere algunas para justificar sus complejidades.

La novela de Rajia Hassib sigue las vidas divergentes de dos hermanas egipcias, Rose y Gameela Gubran. Rose, una egiptóloga, se enamora de un periodista estadounidense y se muda con él a Nueva York. Gameela permanece en Egipto, abraza el Islam y se casa con un hombre mucho mayor. La historia comienza a raíz de la muerte de Gameela debido a un atentado suicida durante los caóticos años que siguieron a la fallida revolución de Egipto. Lentamente, Hassib traza los eventos que conducen a esta conclusión, avanzando hacia atrás a través de una serie de vidas entrelazadas tanto en Egipto como en Estados Unidos. 

Hassib tiene un talento especial para representar los pequeños detalles de la vida cotidiana egipcia, no de una manera exótica, sino más bien como una base sobre la que se puede asentar la amplia variedad de experiencias, ideologías y aspiraciones de la ciudadanía del país. Estos detalles, que se encuentran a lo largo del libro, brillan. Una descripción de la tardanza habitual, por ejemplo: «¿Qué son unos minutos aquí o allá en un país que ha existido durante siete mil años?» Hay algo de agarre de la mano, ni una sola frase o modismo árabe queda sin explicación para beneficio del lector occidental, pero en su mayor parte, funciona.

Lo más impresionante de A Pure Heart no es la tensión central —cómo se produce la muerte de Gameela— sino la meditación de la novela sobre la naturaleza de las múltiples identidades. Ambas hermanas luchan por encontrar su lugar en el mundo en medio de sus lealtades a veces en conflicto con diferentes naciones, diferentes aspiraciones profesionales y personales y diferentes puntos de vista de la religión. Hay ternura y honestidad en la forma en que Hassib describe la relación entre las dos mujeres, y es en esta relación donde la novela tiene más matices.

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