Monstruos rotos

Si alguna vez se hizo un libro a medida para una adaptación cinematográfica de David Fincher ( Se7en , Zodiac , etc.), es el último misterio oscuro de Lauren Beukes.

En una fría noche de noviembre en Detroit, la detective Gabriella Versado se encuentra con la escena del crimen más extraña de su carrera: un niño muerto de 11 años cuya mitad inferior ha sido reemplazada por la de un ciervo. Sus cuerpos se han fusionado en un macabro híbrido humano-animal sacado directamente de «True Detective» o «Hannibal» de NBC, y Versado cree que el asesino atacará de nuevo.

Mientras tanto, una diversa gama de estafadores de Detroit: el escritor desempleado, Jonno Haim, desesperado por una historia que salve su carrera; el ocupante ilegal sin hogar conocido como TK, devastado por las convulsiones; y el artista torturado, Clayton Broom, cuyo refrigerador está lleno de secretos, comienza a encontrar cosas extrañas en la ciudad por la noche, “cuando las fronteras son las más porosas entre los mundos y las cosas antinaturales se escapan de la cabeza de la gente”. Desde rostros tallados en mojones de piedra en la playa secreta de la ciudad hasta círculos perfectos de sillas volcadas en los sótanos de las iglesias, algo está sucediendo en Detroit más allá de la muerte y la decadencia habituales de la ciudad.

Este es un procedimiento policial que es todo menos un procedimiento, una hábil combinación de intrigas de géneros de otro mundo y los detalles reales de una investigación de homicidio de primera plana. En capítulos cortos que son enérgicos pero nunca apresurados, la prosa de Beukes es una demostración magistral del estilo indirecto libre de James Wood, que encarna cinco personalidades distintas tocadas por la obsesión, la desesperación y la locura. Los detalles llamativos, como los «diamantes de Detroit», lo que los lugareños llaman el vidrio azul dejado por las ventanillas rotas de un automóvil, le dan una extraordinaria sensación de lugar a una historia ambientada en una de las ciudades más oscuras e icónicas de Estados Unidos. Para muchos escritores, leer a Beukes es un encuentro aleccionador con nuestras propias limitaciones, asombrados como estamos por su inmenso talento y autoridad inquebrantable con las palabras. Para llamar a los Monstruos Rotos su obra maestra sería un flaco favor tanto para su trabajo anterior como para el futuro, pero contarlo entre los mejores libros de su tipo parece perfectamente razonable.

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