El informe Bradbury

Autor: Steven Polansky

En la historia de la ficción socialmente consciente, el cambio del realismo de La cabaña del tío Tom y tiempos difíciles a la especulación de 1984 y Fahrenheit 451 refleja la creciente dificultad de la imaginación moral para seguir el ritmo de los avances tecnopolíticos. Esta aceleración es dramáticamente evidente en el debate sobre la clonación humana, que ahora, si se legaliza, podría lograrse mediante un procedimiento médico relativamente sencillo. ¿Podría la fabricación de una persona clonada alguna vez ser sancionada políticamente (si no éticamente)Si es así, ¿podría realizarse la clonación mediante el control gubernamentalEstas preguntas ya no son materia de ciencia ficción, sino la sustancia del debate académico. La implementación política nunca se queda atrás.

Y así, la fábula de Steven Polansky de un hombre que conoce a su propio clon, una criatura procesada bajo un programa de clonación clasificado del gobierno de los EE. UU. Con el propósito de sustraer órganos (para aquellos ciudadanos que pueden pagar por ello), puede proyectarse como una cosecha de 2071. , pero no hay ninguna razón por la que el desconcertante escenario no pueda suceder en nuestra propia vida, como ha sucedido con tantas otras cosas.

El título de The Bradbury Report es un tributo al autor de 451 . “Ray Bradbury” es el seudónimo del narrador, un anciano, decepcionado y moribundo, a través del cual Polansky juega un truco literario milenario: el narrador no tiene una musa que lo inspire a hablar, sino solo una absoluta necesidad de dar testimonio de la horror que ha experimentado (he aquí el Marinero Antiguo).

A pesar de lo ingenuo que pretende ser el narrador, aquí hay pasajes que se encuentran insuperables en el catálogo de ficción especulativa para el patetismo puro y demoledor. El dilema existencial de los personajes de Samuel Beckett no puede sostener una vela a la desesperación cósmica de Alan, el clon, cuando descubre que, o mejor dicho, lo que -se lo es. Al igual que en Beecher Stowe, Dickens, Orwell, y sí, Bradbury, la indignación de Polansky contra la arrogancia y la crueldad humanas es abrumadora, tanto más porque el ser humano que sufre en este caso no tiene existencia alguna, aparte de lo que la arrogancia humana y la crueldad le ha conferido. El Informe Bradbury nos muestra sumamente bien que ser humano es llorar, y llorar es, en primer lugar, ser extraído del útero y de ningún otro lugar.

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