El hombre que lo vio todo

La última novela de la escritora británica Deborah Levy, incluida durante mucho tiempo en el premio Man Booker, es un viaje evocador a través de un panorama personal y político que cambia de forma. A medida que Levy extrae cada nueva capa de esta historia, a veces enigmática, se descubren nuevos placeres a cada paso.

El narrador de Levy, Saul Adler, es un joven historiador inglés e hijo de un socialista apasionado. La especialidad de Saul es la Europa del Este comunista y, en el verano de 1988, se embarcará en un viaje de investigación a Berlín Oriental. Poco antes de su partida, cuando está a punto de posar para una fotografía tomada por su novia artista, Jennifer Moreau, quien planea capturarlo navegando por el famoso paso de cebra en Abbey Road de Londres, es rozado por un automóvil que pasa, un evento que ya da un vuelco. psique frágil.

El resto de la primera mitad de The Man Who Saw Everything sigue a Saul a Alemania Oriental, donde se encuentra enredado en un triángulo sexual con su traductor y cuidador Walter Müller y la hermana de Walter, Luna, una enfermera obsesionada con los Beatles que está desesperada por escapar a Occidente, específicamente Liverpool. Levy navega de manera experta por la complicada geometría de estas relaciones, todas ellas ensombrecidas por la amenaza de la Stasi en los últimos días del régimen.

En la segunda mitad de la novela, Saul, de mediana edad, yace en un hospital de Londres en 2016, justo después de la votación del Brexit, en circunstancias que parecen evocar su percance anterior. En escenas que se deslizan sin esfuerzo en los sueños de Saul, alucinaciones o episodios de pura memoria, Levy excava fragmentos de su dolorosa vida emocional y arroja una nueva luz sobre algunos de los eventos anteriores de la novela. A pesar de la elusividad ocasional de esta técnica, la narración de Levy se basa en prosa directa e imágenes vívidas, como las flores de un cerezo que “caen como lluvia rosada” o una escultura en relieve de cobre en Berlín, irónicamente titulada El hombre supera el espacio y el tiempo .

El hombre que lo vio todo es a la vez intensamente personal y plenamente consciente de cómo los acontecimientos de un mundo que cambia rápidamente pueden alterar vidas de formas inesperadas. La capacidad de Levy para mantener estos elementos en equilibrio con sutileza y seguridad es un testimonio de su considerable habilidad artística.

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